Colesterol tras el verano: ¿por qué sube y cómo puedes regularlo sin estatinas?
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        Colesterol tras el verano: ¿por qué sube y cómo puedes regularlo sin estatinas?

        NL 04.09 foto Colesterol tras el verano: ¿por qué sube y cómo puedes regularlo sin estatinas?

        Las vacaciones de verano suelen traer consigo momentos de desconexión, comidas fuera de casa, aperitivos improvisados, postres tentadores y más de un brindis. Este cambio en los hábitos alimentarios y en el ritmo diario puede pasar factura a nuestra salud metabólica, en particular al perfil lipídico. No es raro que, con la llegada de septiembre, muchas personas se encuentren con un nivel de colesterol más elevado en sus análisis, incluso aunque su salud cardiovascular estuviera bajo control antes del verano.

        Pero, ¿por qué ocurre esto y qué alternativas existen más allá del uso de estatinas?

        El colesterol y su sensibilidad al estilo de vida

        El colesterol es una molécula esencial para el organismo: forma parte de las membranas celulares, es precursor de hormonas esteroideas y participa en la síntesis de vitamina D y ácidos biliares. Sin embargo, su exceso en sangre, en particular del colesterol LDL (lipoproteínas de baja densidad), se ha asociado con mayor riesgo de enfermedad cardiovascular (Ference et al., 2017).

        Durante el verano, el aumento de la ingesta calórica, especialmente de grasas saturadas, azúcares simples y alcohol, así como la disminución de la actividad física estructurada, favorecen un entorno metabólico propicio para la elevación de LDL, triglicéridos y otras partículas aterogénicas (Berglund et al., 2012). A este contexto se suma el impacto del desajuste en el ritmo circadiano —al que el metabolismo lipídico es especialmente sensible— y una mayor exposición al estrés oxidativo por excesos solares, falta de descanso y cambios de rutina.

        Por tanto, el alza post-estival del colesterol no es un fenómeno aislado, sino el resultado de una combinación de factores fisiológicos y conductuales que desregulan el equilibrio lipídico.

        ¿Es necesario recurrir a estatinas?

        Las estatinas son fármacos ampliamente prescritos para reducir el colesterol LDL, y han demostrado eficacia en la prevención cardiovascular primaria y secundaria. Sin embargo, no están exentas de efectos adversos: dolores musculares, elevación de enzimas hepáticas, disfunción cognitiva y en algunos casos intolerancia sostenida (Collins et al., 2016). Además, muchas personas con cifras moderadamente elevadas buscan alternativas más naturales o enfoques integradores para evitar una medicalización innecesaria.

        En este sentido, la regulación del colesterol mediante intervenciones dietéticas, suplementación basada en evidencia y cambios en el estilo de vida es una vía válida y eficaz, especialmente en personas sin enfermedad cardiovascular diagnosticada y con riesgo bajo o moderado.

        Alternativas naturales con respaldo científico

        Entre los compuestos más prometedores para el control del perfil lipídico sin recurrir a estatinas, destacan los extractos vegetales y nutrientes funcionales con mecanismos de acción diversos:

        Una de las estrategias mejor estudiadas es el uso de extracto de ajo negro envejecido (ABG10+®), que ha mostrado capacidad para reducir los niveles de colesterol LDL y triglicéridos mediante la modulación de la HMG-CoA reductasa —la misma enzima que inhiben las estatinas— pero sin efectos adversos musculares ni hepáticos (Ried et al., 2016). Su acción antioxidante, antiinflamatoria y vasodilatadora lo convierte en un excelente aliado para la salud cardiovascular global.

        El ajo negro envejecido es la base de productos como AQLesterol Plus, que combina ABG10+® con coenzima Q10, vitamina K2 y extractos de plantas como olivo, bergamota o alcachofa, para una acción sinérgica sobre los distintos componentes del metabolismo lipídico. La coenzima Q10, además, contrarresta uno de los efectos secundarios más frecuentes de las estatinas: la miopatía asociada a la reducción de síntesis mitocondrial.

        Por otro lado, la bergamota (Citrus bergamia) ha demostrado reducir LDL y mejorar el índice aterogénico en pacientes con dislipemia leve, mediante su contenido en flavonoides que inhiben la absorción intestinal de colesterol y promueven la excreción biliar (Gliozzi et al., 2013).

        Hábitos sostenibles para un colesterol saludable

        Más allá de la suplementación, regular el colesterol tras el verano requiere una vuelta consciente a rutinas que favorezcan la homeostasis metabólica. Una dieta rica en fibra soluble (avena, legumbres, frutas), grasas saludables (AOVE, frutos secos, pescado azul) y baja en azúcares refinados es fundamental. El ejercicio físico aeróbico regular —al menos 150 minutos semanales— ha demostrado mejorar el perfil lipídico y aumentar el colesterol HDL protector (Kodama et al., 2007).

        Asimismo, dormir bien, reducir el estrés crónico y evitar el consumo excesivo de alcohol son medidas igualmente relevantes, dado que el eje intestino-hígado-cerebro regula en conjunto el equilibrio lipídico a través de múltiples vías hormonales e inmunológicas.

        Reinicia tus hábitos sin medicación

        El final del verano puede ser el punto de partida ideal para revisar nuestros hábitos y tomar el control de nuestra salud cardiovascular de forma natural, sin necesidad inmediata de fármacos. Con el apoyo de herramientas nutricionales como AQLesterol Plus, una dieta equilibrada y un estilo de vida activo, es posible normalizar los niveles de colesterol y proteger nuestro corazón a largo plazo.

        La ciencia nos ofrece cada vez más opciones seguras y eficaces. Elegirlas es también una forma de cuidarnos de manera consciente y sostenible.

        Referencias científicas:

        • Berglund, L., Brunzell, J. D., Goldberg, A. C., et al. (2012). Evaluation and treatment of hypertriglyceridemia: an Endocrine Society clinical practice guideline. Journal of Clinical Endocrinology & Metabolism, 97(9), 2969–2989.
        • Collins, R., Reith, C., Emberson, J., et al. (2016). Interpretation of the evidence for the efficacy and safety of statin therapy. The Lancet, 388(10059), 2532–2561.
        • Ference, B. A., Ginsberg, H. N., Graham, I., et al. (2017). Low-density lipoproteins cause atherosclerotic cardiovascular disease. European Heart Journal, 38(32), 2459–2472.
        • Gliozzi, M., Carresi, C., Musolino, V., et al. (2013). The effect of bergamot-derived polyphenolic fraction on lipid profile and insulin sensitivity in patients with metabolic syndrome. Frontiers in Pharmacology, 4, 36.
        • Kodama, S., Tanaka, S., Saito, K., et al. (2007). Effect of aerobic exercise training on serum levels of high-density lipoprotein cholesterol: a meta-analysis. Archives of Internal Medicine, 167(10), 999–1008.
        • Ried, K., Fakler, P., & Stocks, N. P. (2016). Effect of garlic on serum lipids: an updated meta-analysis. Nutrition Reviews, 71(5), 282–299.